¿Qué ocurría si pudiésemos viajar en el tiempo? Muchos pensarán que sería estupendo para evitar cometer los errores pasados en el trabajo, para elegir otro coche mejor o para no haber invertido en unas acciones de la bolsa. Cuando conoces a alguien que te saca casi 40 años de edad y con el cuál obtienes un elevado grado de complicidad y amor, es inevitable sentir una tremenda frustración acompañada de de unas amargas lágrimas que queman el rostro hasta la comisura de los labios.
A muchos les resultaría curioso que alguien nacido en el 85 quisera cambiarse en este momento por alguien que vio la luz por primera vez en el 60 y vivir los 80 con intensidad y gozo junto a esa persona del 47 conocida a destiempo. Quizás nunca sea tarde para nada pero no hemos de olvidar que no se vive de amor únicamente. Es fácil tener ilusiones e imaginarse que se es el rey del mundo, dejando todo atrás, desaparecer de repente sin pensar en las consecuencias. Suena fascinante pero poco facctible, por ello, las ilusiones y los deseos de volver atrás en el tiempo que con tanto fervor han sido revividos en mi mente se convierten en anhelos al comprobar la tristeza que supone aceptar la realidad: conformarnos con recordar los buenos momento felices sabiendo que la felicidad es inalcanzable.